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>Mahatma Gandhi – Alcanza tu sueño.


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Sé firme en tus actitudes y perseverante en tu ideal,
pero sé paciente, no pretendiendo que todo te llegue de inmediato.
Haz tiempo para todo, y todo lo que es tuyo
vendrá a tus manos en el momento oportuno.

Aprende a esperar el momento exacto
para recibir los beneficios que reclamas.

Espera con paciencia a que maduren los frutos
para poder apreciar debidamente su dulzura.
No seas esclavo del pasado ni de los recuerdos tristes.

No revuelvas una herida que está cicatrizada.
No rememores dolores y sufrimientos antiguos.
Lo que pasó, ¡pasó!
De ahora en adelante, procura construir una vida nueva
dirigida hacia lo alto, y camina hacia delante sin mirar atrás.

Haz como el sol que nace cada día
sin acordarse de la noche que pasó.
Sólo contempla la meta y no veas cuán difícil es alcanzarla.
No te detengas en lo malo que hayas hecho;
camina en lo bueno que puedes hacer.

No te culpes por lo que hiciste, más bien decídete a cambiar.
No trates de que otros cambien;
sé tú el responsable de tu propia vida y trata de cambiar tú.
Deja que el amor te toque y no te defiendas de él.

Vive cada día, aprovecha el pasado para bien
y deja que el futuro llegue a su tiempo.
No sufras por lo que viene, recuerda que “cada día tiene su propio afán”.

Busca a alguien con quien compartir tus luchas
hacia la libertad; una persona que te entienda,
te apoye y te acompañe en ella.
Si tu felicidad y tu vida dependen de otra persona,
despréndete de ella y ámala sin pedirle nada a cambio.

Aprende a mirarte con amor y respeto;
piensa en ti como en algo precioso.
Desparrama por todas partes la alegría que hay dentro de ti.
Que tu alegría sea contagiosa y expulse la tristeza de aquellos que te rodean.
La alegría es un rayo de luz que debe permanecer siempre encendido,
iluminando todos nuestros actos y sirviendo de guía a todos los que se acercan a nosotros.

Si en tu interior hay luz y dejas abiertas
las ventanas de tu alma, por medio de la alegría
todos los que pasan por la calle en tinieblas serán iluminados por tu luz.

Trabajo es sinónimo de nobleza.
No desprecies el trabajo que te corresponde efectuar en la vida.
El trabajo ennoblece a aquellos que lo realizan con entusiasmo y amor.
No existen trabajos humildes.
Sólo se distinguen por ser bien o mal realizados.
Da valor a tu trabajo cumpliéndolo con amor y cariño,
y así te valorarás a ti mismo.

Dios nos ha creado para realizar un sueño.
Vivamos por él e intentemos alcanzarlo.
Pongamos la vida en ello y si nos damos cuenta que no podemos,
quizás entonces necesitemos hacer un alto en el camino y
experimentar un cambio radical en nuestras vidas.
Así, con otro aspecto, con otras posibilidades y
con la gracia de Dios, lo cumpliremos.

No te des por vencido. Piensa que si Dios te ha dado la vida,
es porque sabe que tú puedes con ella.
El éxito en la vida no se mide por lo que has logrado,
sino por los obstáculos que has tenido que enfrentar en el camino.

Tú, y sólo tú, escoges la manera en que vas a afectar el corazón de otros
y esas decisiones son de lo que se trata la vida.
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Publicado por en 23 marzo, 2011 en Julius, Mahatma Gandhi

 

>Stephane Hessel: – Indignaos


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He pensado que os gustaría leer esto. Stephane Hessel, héroe de la Resistencia Francesa que participó en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y hoy nonagenario, que revela una lucidez política impresionante.

En francés original
http://www.millebabords.org/IMG/pdf/INDIGNEZ_VOUS.pdf

Indignaos (Indignez-vous)
Stéphane Hessel
93 años. Es la última etapa. El fin no está lejos. Qué suerte poder aprovecharla para recordar lo que ha servido de base a mi compromiso político: los años de resistencia y el programa elaborado hace 70 años por el Consejo Nacional de la Resistencia… Desde Londres, donde me reuní con el general De Gaulle, en marzo de 1941, me llegó la noticia de que el Consejo había puesto en marcha un programa (adoptado el 15 de marzo de 1944) que proponía para la Francia liberada un conjunto de principios y valores sobre los que se asentaría la democracia moderna de nuestro país.
Estos principios y valores los necesitamos hoy más que nunca. Es nuestra obligación velar todos juntos para que nuestra sociedad siga siendo una sociedad de la que podamos sentirnos orgullosos, y no esta sociedad de indocumentados, de expulsiones, de sospechas con respecto a la inmigración; no esta sociedad en la que se ponen en cuestión las pensiones, los logros de la Seguridad Social; no esta sociedad donde los medios de comunicación están en manos de los poderosos.

A partir de 1945, después de un drama atroz, las fuerzas internas del Consejo de la Resistencia se entregan a una ambiciosa resurrección. Se crea la Seguridad Social como la Resistencia deseaba, tal y como su programa lo estipulaba: “un plan completo de Seguridad social que aspire a asegurar los medios de subsistencia de todos los ciudadanos cuando estos sean incapaces de procurárselos mediante el trabajo”; “una pensión que permita a los trabajadores viejos terminar dignamente su vida”. Las fuentes de energía, electricidad y gas, las minas de carbón y los bancos son nacionalizados. El programa recomendaba “que la nación recuperara los grandes medios de producción, fruto del trabajo común, las fuentes de energía, los yacimientos, las compañías de seguros y los grandes bancos”; “la instauración de una verdadera democracia económica y social, que expulse a los grandes feudalismos económicos y financieros de la dirección de la economía”. El interés general debe primar sobre el interés particular, el justo reparto de la riqueza creada por el trabajo debe primar sobre el poder del dinero. La Resistencia propone “una organización racional de la economía que garantice la subordinación de los intereses particulares al interés general y que se deshaga de la dictadura profesional instaurada según el modelo de los Estados fascistas”, y el gobierno provisional de la República toma el relevo.

Una verdadera democracia necesita una prensa independiente; la Resistencia lo sabe, lo exige, defiende “la libertad de prensa, su honor y su independencia del estado, de los poderes del dinero y de las influencias extranjeras”. Esto es lo que, desde 1944, aún indican las ordenanzas en relación a la prensa. Ahora bien, esto es lo que está en peligro hoy en día.

Se tiene la osadía de decirnos que el Estado ya no puede asegurar los costes de estas medidas sociales. Pero cómo puede faltar hoy dinero para mantener y prolongar estas conquistas, cuando la producción de la riqueza ha aumentado considerablemente desde la Liberación, periodo en el que Europa estaba en la ruina, si no es porque el poder del dinero, combatido con fuerza por la Resistencia, no ha sido nunca tan grande, tan insolente y tan egoísta con sus propios servidores, incluso en las más altas esferas del Estado. Los bancos, una vez privatizados, se preocupan mucho por sus dividendos y por los altos salarios de sus dirigentes, no por el interés general. La brecha entrelos más pobres y los más ricos no ha sido nunca tan grande, ni la búsqueda del dinero tan apasionada.

El motivo principal de la Resistencia era la indignación. Nosotros, veteranos de los movimientos de resistencia y de las fuerzas combatientes de la Francia libre, llamamos a las jóvenes generaciones a vivir y transmitir la herencia de la Resistencia y de sus ideales. Nosotros les decimos: tomad el relevo, ¡indignaos! Los responsables políticos, económicos e intelectuales, y el conjunto de la sociedad no deben dimitir ni dejarse impresionar por la actual dictadura de los mercados financieros que amenaza la paz y la democracia. Os deseo a todos, a cada uno de vosotros, que tengáis vuestro motivo de indignación. Es algo precioso. Cuando algo nos indigna, como a mí me indignó el nazismo, nos volvemos militantes, fuertes y comprometidos.

Volvemos a encontrarnos con esta corriente de la historia, y la gran corriente de la historia debe perseguirse por cada uno. Y esta corriente nos conduce a más justicia y libertad; pero no a la libertad incontrolada de la zorra en el gallinero. Estos derechos, recogidos en 1948 en un programa de la Declaración universal, son universales. Si conocéis a alguien que no los disfruta, compadecedlo, ayudadle a conseguirlos.
Desde luego, la experiencia de alguien viejo, como yo, nacido en 1917, es diferente de la experiencia de los jóvenes de hoy. A menudo solicito a los profesores de colegios la oportunidad de dirigirme a sus alumnos, y les digo: “vosotros no tenéis las mismas razones evidentes para comprometeros. Para nosotros, resistir era no aceptar la ocupación alemana, la derrota. Era algo relativamente simple; simple como lo que vino a continuación: la descolonización. Siguió la guerra de Argelia: era necesario que Argelia se independizara, era algo evidente. En cuanto a Stalin, todos aplaudimos la victoria del ejército rojo contra los nazis, en 1943. Pero cuando nos enteramos de las grandes purgas estalinistas de 1935, aunque era necesario estar al corriente de lo que hacía el comunismo para contrarrestar el capitalismo americano, la necesidad de oponerse a esta forma insoportable de totalitarismo se impuso como una evidencia.

Es verdad que las razones para indignarse pueden parecer hoy menos claras o el mundo demasiado complejo. ¿Quién manda, quién decide? No siempre es fácil distinguir entre todas las corrientes que nos gobiernan. Ya no tenemos que vérnoslas con una pequeña élite, cuyo modo de actuar conocemos con claridad. Este es un vasto mundo de cuya interdependencia nos percatamos claramente. Vivimos con una inter conectividad como jamás ha existido. Pero en este mundo hay cosas insoportables. Para verlas, hace falta observar con atención, buscar. Les digo a los jóvenes: buscad un poco, encontraréis. La peor de las actitudes es la indiferencia, el decir “yo no puedo hacer nada, yo me las apaño”. Al comportaros así, perdéis uno de los componentes esenciales que hacen al ser humano. Uno de sus componentes indispensables: la capacidad de indignarse y el compromiso que nace de ella.

Es posible identificar desde ahora dos grandes desafíos nuevos:
1. La gran diferencia que existe entre los muy pobres y los muy ricos, la cual no deja de crecer. Se trata de una innovación de los siglos XX y XXI. Los muy pobres del mundo de hoy ganan apenas dos dólares al día. No se puede dejar que esta diferencia se haga más profunda todavía. La constatación de este hecho debería suscitar por sí misma un compromiso.
2. Los derechos del hombre y el estado del planeta. Después de la Liberación tuve la suerte de participar en la redacción de la Declaración universal de los derechos del hombre adoptada por la Organización de Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, en el palacio de Chaillot, en Paris. Como jefe de gabinete de Henri Laugier, secretario general adjunto de la ONU y secretario de la Comisión de los Derechos del hombre participé, entre otros, en la redacción de esta declaración. No puedo olvidar el papel que tuvo en su elaboración René Cassin, comisario nacional de justicia y educación del gobierno de la Francia libre, en Londres, en 1941, el cual fue premio Nobel de la paz en 1968, ni el de Pierre Mendès France dentro del Consejo económico y social, al que enviábamos los textos que elaborábamos antes de que fueran examinados por la Tercera Comisión de la Asamblea General, encargada de los aspectos sociales, humanitarios y culturales. La Comisión contaba con los 54 estados que eran miembros, en aquel momento, de las Naciones Unidas, y yo me encargaba de su secretaría. A René Cassin debemos el término de derechos “universales”, y no “internacionales” como proponían nuestros amigos anglosajones. Puesto que en esto está lo que se juega al terminar la segunda guerramundial: la emancipación de las amenazas que el totalitarismo hizo pesar sobre la humanidad. Para emanciparse, es necesario conseguir que los estados miembros de la ONU se comprometan a respetar estos derechos universales. Es una manera de desmontar el argumento de plena soberanía que un estado puede hacer valer mientras comete crímenes contra la humanidad dentro de su territorio. Este fue el caso de Hitler, que se consideraba dueño y señor en su tierra y autorizado a provocar un genocidio. Esta declaración universal debe mucho a la revulsión universal contra el nazismo, el fascismo, el totalitarismo, y, también, a nosotros, al espíritu de la Resistencia. Sentía que había que actuar rápidamente, no ser víctima de la hipocresía que había en la adhesión proclamada por los vencedores a estos valores que no todos tenían la intención de promover limpiamente, pero que nosotros intentábamos imponerles. ¿Le sirve de algo a Hamas enviar cohetes sobre la ciudad de derot? La respuesta es no. No sirve a su causa, pero se puede explicar debido a la exasperación del pueblo de Gaza. En la noción de exasperación, hay que entender la violencia como una lamentable conclusión de situaciones inaceptables para aquellos que las sufren. Se puede decir que el terrorismo es una especie de exasperación. Y que esta exasperación es un término negativo. Uno no se debe exasperar, uno debe esperar. La exasperación es la negación de la esperanza. Es comprensible, diría que hasta es natural; sin embargo, no es aceptable porque no permite obtener los resultados que puede eventualmente producir la esperanza. Estoy convencido de que el futuro pertenece a la no-violencia, a la conciliación de las diferentes culturas. Por esta vía, la humanidad deberá franquear su próxima etapa. Decirse “la violencia no es eficaz” es más importante que saber si se debe condenar o no a aquellos que la utilizan. El terrorismo no es eficaz. En la noción de eficacia, es necesaria una esperanza no-violenta. Hay que entender que la violencia vuelve la espalda a la esperanza. Hay que preferir la esperanza, la esperanza de la no-violencia. Es el camino que debemos aprender a seguir. Tanto por parte de los opresores como por parte de los oprimidos, hay que llegar a una negociación para acabar con la opresión; esto es lo permitirá acabar con la violencia terrorista. Es por eso que no se debe permitir que se acumule mucho o dio.

El mensaje de alguien como Mandela, como Martin Luther King, encuentra toda su pertinencia en un mundo que ha sobrepasado la confrontación de las ideologías y el totalitarismo. Es un mensaje de esperanza en la capacidad que tienen las sociedades modernas para sobrepasar los conflictos por medio de una comprensión mutua y de una paciencia vigilante. Para llegar a ello, es necesario basarse en los derechos, cuya violación, sea quien sea el autor, debe provocar nuestra indignación. No debemos consentir la transgresión de estos derechos.
El pensamiento productivista, sostenido por Occidente, ha metido al mundo en una crisis de la que hay que salir rompiendo radicalmente con la huída hacia adelante del “siempre más”, tanto en el dominio financiero como en el dominio de las ciencias y de la técnica. Ya es hora de que la preocupación por la ética, la justicia y la estabilidad duradera sea lo que prevalezca. Pues nos amenazan los riesgos más graves; riesgos que pueden poner fin a la aventura humana sobre un planeta que puede volverse inhabitable.

Pero es verdad que se han hecho importantes progresos desde1948: la descolonización, el fin del apartheid, la destrucción del imperio soviético, la caída del Muro de Berlín. Por el contrario, los diez primeros años del siglo XXI han supuesto un periodo de retroceso. Este retroceso, yo lo achaco, en parte, a la presidencia americana de George Bush, al 11 de septiembre y a las consecuencias desastrosas que de él han sacado los Estados Unidos, como la intervención militar en Irak. Hemos tenido esta crisis económica, pero tampoco hemos comenzado una nueva política de desarrollo. La cumbre de Copenhague contra el calentamiento climático no ha permitido establecer una verdadera política para la preservación del planeta. Estamos en un umbral, entre los horrores de la primera década y las posibilidades de las décadas siguientes. Pero hay que esperar, siempre hay que esperar. La década anterior, la de los años 1990, fue una fuente de grandes progresos. Las Naciones Unidas convocaron conferencias como las de Rio sobre el medio ambiente, en 1992; la de Pekín sobre las mujeres, en 1995; en septiembre de 2000, a iniciativa del secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, los 191 países miembros adoptaron la declaración sobre los “Ocho objetivos del milenio para el desarrollo”, por la cual se comprometen a reducir a la mitad la pobreza en el mundo de aquí a 2015. Mi gran pesar, es que ni Obama ni la Unión Europea hayan manifestado aún lo que debería ser su aportación para una fase constructiva que se apoye en los valores fundamentales. ¿Cómo terminar esta llamada a indignarse? Recordando que, con ocasión del sexagésimo aniversario del Programa del Consejo nacional de la Resistencia, dijimos, el 8 de marzo de 2004, nosotros, los veteranos de los movimientos de Resistencia y de las fuerzas combativas de la Francia libre (1940-1945), que, desde luego, “el nazismo ha sido vencido gracias al sacrificio de nuestros hermanos y hermanas de la Resistencia y de las Naciones Unidas contra la barbarie fascista. Pero esta amenaza no ha desaparecido por completo, y nuestra cólera contra la injusticia permanece intacta”.

No, esta amenaza no ha desaparecido por completo. Por eso, hagamos siempre un llamamiento a “una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no proponen como horizonte para nuestra juventud más que el consumismo de masas, el desprecio de los más débiles y de la cultura, la amnesia generalizada y la competición a ultranza de todos contra todos”. A los hombres y mujeres que harán el siglo XXI, les decimos con nuestra afección:
“CREAR ES RESISTIR,
RESISTIR ES CREAR”.

 
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Publicado por en 18 marzo, 2011 en Julius, politica, Stephane Hessel

 

>Proyecto Conciencia Global (GCP) Humanidad conectada


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Desde agosto de 1998 la Universidad de Princeton (EEUU) lleva a cabo un proyecto que pretende demostrar la relación entre el mundo físico y la conciencia colectiva humana. El experimento científico se lleva a cabo mediante una red mundial informática.
Proyecto Conciencia Global (GCP)  Humanidad conectadaEn 1979 Robert Jahn, decano de la Escuela de Ingeniería y Ciencia Aplicada de esta universidad puso en marcha un sistema que pretendía estudiar científicamente si la mente humana afectaba a instrumentos mecánicos y físicos. Para ello creó una máquina que generaba de manera aleatoria un 1 o un 0, y le pedía a una persona que modificase con su mente el resultado. Como consecuencia, se conseguía un número alarmantemente alto de unos, dato que no se podía explicar con el azar.
Con la llegada de los años noventa, científicos de esta Universidad elaboraron la teoría de que todos los seres humanos estamos unidos por lo que llamaron un “campo de conciencia” y encaminaron los experimentos de Princeton en esta dirección. Se bautizaron esta vez como “Proyecto Conciencia Global”, conocido bajo las siglas inglesas de GCP, que pasó a estar dirigido por Roger Nelson, Doctor en Psicología Cognitiva Experimental y profesor en la citada universidad. Para ello, en 1996 pusieron en funcionamiento cuarenta ordenadores repartidos en todo el mundo -uno se encuentra en Sevilla-, interconectados por Internet y unidos a una base de datos global que se revisa a diario. El ordenador central de nuevo mandaba ceros y unos aleatorios. Según la teoría de la probabilidad, se obtendría un porcentaje similar de ceros y unos. Sin embargo, las máquinas dieron en momentos específicos largas series de unos o ceros todas a la vez. Esto fue lo que sucedió el 11-S, cuatro horas antes de que el primer avión se estrellase contra las Torres Gemelas de Nueva York, y volvió a repetirse antes de los atentados del 11 M en Madrid y el 11 J en Londres. Estas cifras inexplicables según la teoría de probabilidad, se registraron también 24 horas antes del tsunami de 2004, y en acontecimientos emotivos para la humanidad como los entierros de la princesa Diana, la madre Teresa de Calcula y Juan Pablo II. Lo mismo sucede cada Nochebuena y Fin de Año.

Cuatro horas antes de que el primer avión se estrellase contra las Torres Gemelas se registró una “señal”. Lo mismo sucedió antes de los atentados en Madrid y Londres, y 24 horas antes del tsunami del 2004.

Proyecto Conciencia Global (GCP)  Humanidad conectadaEn nuestro país el fenómeno ha sido estudiado por los periodistas Ángel Gutiérrez y David Zurdo, que se han basado en el Proyecto para escribir el libro La Señal (Plaza & Janés). Este último -ingeniero técnico y licenciado en ,-considera que el GCP “es la investigación, rigurosamente científica, más sorprendente y desconcertante del panorama actual. Salvo que todo fuese un fraude -cosa que me parece impensable-, la estadística nos muestra que no puede tratarse de meras casualidades. Los detractores afirman que los resultados podrían ser eso, simples coincidencias. Pero sucede que las propias matemáticas son capaces de autoevaluarse, y esa opción queda excluida”.

Nuevos planteamientos

Hasta aquí el experimento. Pero, ¿qué preguntas surgen de él?
Lo primero que llama la atención es el sistema empleado, lo que presupone que los ordenadores son “sensibles” a las mentes y/o emociones humanas. Esta premisa es difícil de asimilar para quienes ven el mundo puramente físico, pero indudablemente las máquinas se ven alteradas por “algo” en todo el planeta en momentos concretos y a la vez. La cuestión abre un amplio campo de experimentación en la vida cotidiana y genera múltiples temas de reflexión en torno a cómo mi estado de ánimo afecta al ordenador que empleo o los electrodomésticos que me rodean. Muchos detractores del Proyecto encuentran en este punto uno de los fallos, pero conviene saber que estas centrales que recogen datos no se encuentran en casa de ningún friki, sino que están a cargo de científicos e investigadores de distintas universidades o centros de estudio de medio mundo.
La segunda y obligada pregunta es plantearse qué señales recogen esas máquinas. Evidentemente, son humanas, ya que el mecanismo ha sido probado con personas y se sabe que son ellas las que lo pueden alterar. La duda es saber si lo que las pone en funcionamiento son las emociones o los pensamientos.
Y casi unida a esta cuestión, se presenta la tercera: puesto que sucede en todo el mundo,
se puede deducir que en algún punto intangible todas las personas están conectadas y las máquinas lo único que hacen es captar esa corriente. Es lo que ya se llama “conciencia colectiva global”. Eso indica que nuestros pensamientos no son sólo nuestros, influyen en el entorno, se entremezclan con los de los demás. El ser consciente de este hecho “posiblemente haría que nadie fuera tan egoísta ni se preocupase sólo de su propio beneficio”, reflexiona Zurdo.

“El Proyecto Conciencia Global es la investigación, rigurosamente científica, más sorprendente y desconcertante del panorama actual. La estadística nos muestra que no puede tratarse de meras casualidades”. David Zurdo, científico y periodista.

La cuarta es que las máquinas se adelantan al acontecimiento, lo que indica que hay una premonición, un adelanto al hecho que va a suceder. Para explicar esto, también se baraja la teoría de que más que una premonición nos encontremos ante instintos primarios olvidados. Recordemos por un momento el tsunami de 2004, y el hecho sorprendente de que apenas murieron animales, a los que se les vio escapar hacia el interior de las islas los días previos a la catástrofe. Su naturaleza conectada a la tierra les “avisó” de que algo se avecinaba. La cuestión que se pone sobre la mesa es saber si nosotros tenemos los mismos instintos, que hemos ocultado bajo la ruidosa burbuja en la que vivimos -desde nuestra propia mente, a nuestro entorno-.Proyecto Conciencia Global (GCP) Humanidad conectada
En resumen, para Zurdo el experimento “demuestra que hay realidades que se escapan a nuestra actual capacidad de comprensión o conocimiento. Sería aventurado afirmar qué es lo que afecta a los ordenadores, pero está claro que se trata de alguna fuerza inaprensible y desconocida que nos une de algún modo a unos seres humanos con otros”.

Una posible explicación: la conciencia cuántica

Filósofos y científicos de diversas ramas tienen teorías que pueden explicar o arrojar luz sobre qué puede registrar este experimento. La mayoría de ellas se enmarcan en la física cuántica, una sección de la ciencia que estudia el mundo microscópico, determinado por leyes diferentes a las que rigen en el mundo macroscópico. La física cuántica cambia nuestra percepción del tiempo y el espacio, ya que por ejemplo ha demostrado que partículas separadas por enormes distancias siguen interactuando entre sí, unidas por una red invisible. Una de las científicas cuánticas más influyentes, Dana Zohar, ha escrito incluso trabajos en los que desarrolla su idea de la conciencia cuántica. Para Zohar, esta conciencia parte de la unión de todos los sistemas cuánticos -en este caso, personas-. En los sistemas cuánticos la naturaleza de sus elementos constitutivos (como puede ser la conciencia) no se encuentra en cada individuo por sí mismo, sino que es una propiedad que surge parcialmente de la relación, de la suma entre todos ellos. La conciencia no es una característica de los individuos por sí mismos, sino de la suma de ellos. Desde este modelo, para acceder a la conciencia, se pierde la individualidad de las partes. La teoría puede aplicarse tanto en sistemas sociales, como en personas o en neuronas; de lo grande a lo pequeño, y viceversa.

“La investigación real para el futuro es desarrollar un modelo que permita localizar el foco de una ‘señal’, y evaluar el momento en que ocurrirá. Nunca se podría saber qué va a suceder, pero sí dónde y cuándo”. David Zurdo, científicos y periodista.

El propio Nelson, que dirige el Proyecto Conciencia Global afirma que el experimento se vincula con la física cuántica y considera que la conciencia global puede ser una extensión de nuestra propia conciencia individual. Igual que nuestro cerebro funciona por la interacción de millones de neuronas, la conciencia global se basa en la relación entre los millones de humanos que habitamos el planeta. David Zurdo comparte la opinión de Nelson de que somos “neuronas de una conciencia global”, lo cual completa con la siguiente declaración: “cada uno de nosotros es un ente individual, con sueños, anhelos, miedos o pasiones; pero además componemos globalmente una realidad más grande que nos integra a todos”.
En ese sentido, la física cuántica rompe con la física newtoniana que razona diseccionando y separando las unidades; para esta nueva corriente es imprescindible ver los sistemas como un todo porque la suma de las partes es más que ellas, trae nuevas capacidades, como la conciencia global a la que nos referimos.

El futuro del proyecto

Hasta el momento, el Proyecto Conciencia Global capta una señal -anomalía en la generación de datos- con un poco de antelación, que va desde días, a horas o unos pocos minutos. En todo el mundo las alarmas se disparan a la vez y los integrantes del proyecto saben que algo “grande” -no necesariamente negativo ni catastrófico- va a suceder. Para la ciencia ficción el futuro del experimento sería saber qué, cuándo y dónde va a tener lugar el hecho. Pero la realidad que se baraja en el proyecto tiene los pies en la tierra. Zurdo, que ha hablado en repetidas ocasiones con Nelson, afirma que “la investigación real para el futuro es desarrollar un modelo que permita localizar el foco de una ‘señal’, y evaluar el momento en que ocurrirá. Nunca se podría saber qué va a suceder, pero sí dónde y cuándo”.

Nelson, que dirige el Proyecto Conciencia Global, afirma que el experimento se vincula con la física cuántica y considera que la conciencia global puede ser una extensión de nuestra propia conciencia individual.

Mientras ello avanza, es indudable que saber que todos estamos conectados por hilos invisibles puede cambiar ya nuestra percepción de nosotros mismos y el mundo que nos rodea. El sabernos unidos a los demás seres humanos es un buen punto de partida para un giro en nuestra vida. Porque si esto tiene lugar sin que le prestemos atención, ¿podría cambiar si actuásemos siendo conscientes de que repercutimos en toda la especie, tanto mental como emocionalmente?

Fuente:
http://www.revistafusion.com/200910211202/Puerta-Dimensional/Puerta-Dimensional/proyecto-conciencia-global-gcp-humanidad-conectada.htm